Lo que nos dejo el gran premio de Mónaco.

Cuesta mucho ver cabreado a Daniel Ricciardo, el piloto de las mil bromas y la permanente sonrisa, y por eso impresionó tanto verle hundido hace dos años, en Mónaco, después de que su equipo se hiciera un lío tremendo con el cambio de gomas y le arrebatara una victoria que prácticamente ya lucía en su estantería. Este domingo, de nuevo en el circuito más universal que existe, el australiano saldó sus cuentas y lo hizo de forma heroica, con una conducción magistral que le permitió mantener enjaulado a Sebastian Vettel durante tres cuartas partes de la carrera, a pesar de circular solo con medio motor. El alemán de Ferrari tuvo a bien conformarse con la segunda plaza y Lewis Hamilton se aseguró el tercer escalón del podio tras pasarse la mayor parte del tiempo quejándose por la radio del estado de sus neumáticos, que no estaban ni mejor ni peor que los de sus rivales.

Es difícil encontrar un piloto más completo que Ricciardo y por eso llama la atención que Red Bull se pueda permitir el lujo de perderle dado que ambas partes todavía no han llegado a ningún acuerdo para renovar el contrato que les une y que expira el próximo 31 de diciembre. “Daniel sabe que queremos que se quede. Espero que este resultado no haga que su precio haya subido mucho”, bromeó Christian Horner, el director de la estructura del búfalo rojo.

La Fórmula 1 transmite unos valores que de alguna forma potencian caracteres distintos al del corredor aussie; personalidades como las de Verstappen, Hamilton o Alonso, estrellas que parecen vivir en un mundo paralelo, a mucha distancia del suelo. Puede que sea por eso que los haya que aún se resistan a colgarle a Ricciardo la etiqueta de fenómeno.

 

El chico de Perth lo tiene todo: es rápido como el que más, difícilmente comete errores y, por si la variable rendimiento fuera poco, todo el mundo le quiere; desde los aficionados hasta los patrocinadores. En Montecarlo dio una auténtica exhibición de pilotaje bajo presión después de que una avería en la unidad de potencia de su monoplaza le dejara sin la parte eléctrica del propulsor, circunstancia que supone correr con 160 caballos de potencia menos. En otro escenario, la victoria habría sido imposible porque sus oponentes le habrían pasado por encima, pero Mónaco le debía una.

Hasta la próxima.-

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